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Una “quest” impositiva (No estoy drogado)


… Cosas que flasheo cuando ya  llevo más de una hora de espera en un lugar donde no me dejan usar el celular…

Si quieres ser un Dark Master Monotributister, has de ir al S.A.P. (Salón de las Almas Perdidas) a hablar con los Sacerdotes Menores de los Ingresos Públicos. Ellos te guiarán a través de los múltiples y complicados requisitos que tiene el Dios Impositivo para aquellos que quieran convertirse en sus súbditos. Pero has de saber, también y ante todo, que estos representantes del dogma tributario ya hace mucho que dejaron atrás el vulgar lenguaje de los mortales y que hoy en día sólo emplean la lengua pura del “burocratés”. Advertido estás.
Además, entérate que el Dios Impositivo exige fuertes tributos de sangre a cambio de su bendición.
Si todavía estás seguro de querer avanzar por este sendero tortuoso, debes dirigirte al Salón de las Almas Perdidas en el quinto día de la semana, cuando el sol recién esté levantando las pestañas y las sombras de la noche aún se arrastren sobre el suelo.  Preséntate allí con una copia de tu Pergamino Identitario y una gota de tu sangre, y así los Sacerdotes Mayores de los Ingresos Públicos tendrán los elementos necesarios para iniciar el Ritual de Reconocimiento, el cual necesitará la luz y el tiempo de 60 lunas aproximadamente.
Cuando seas reconocido, si es que llegas a serlo, tendrás que acudir nuevamente al mismo sitio, donde algún acólito anónimo te otorgue la Bendición del Papel y la Tinta, con la cual podrás presentarte al G.S.A.A.P. (Gran Salón de las Almas Aún más Perdidas), donde deberás asistir con 400 monedas de oro y una pócima de vaselina anal. Quizás esta primer experiencia de ortodoxa devoción impositiva te resulte un tanto fuerte, así que puede que salgas rengueando. No obstante, las ofrendas iniciales recién empiezan…  Advertido estás.
De todos modos, has de saber que tu fe aún no estaría consolidada; sino que todavía deberías ir a una C.R.T. (Capilla del Regocijo Tributario). Deberías presentarte allí como un aspirante ya reconocido y bendecido por el Papel y la Tinta, para que al igual que el resto de los fieles al Dios Impositivo,  puedas asistir allí cada vez que requieras su bendición y la cual conservarías con tu regular ofrenda de sangre.
Después tendrías que ir al T.S.B.M. (Templo Supremo de la Burocracia Municipal), sede de todos los Dioses Burocráticos, y declarar tu devoción concreta como Dark Master Monotributister…

… Un MMORPG y el mundillo de los trámites de la  AFIP no son tan diferentes, después de todo…



No me chupa un huevo... ni literal, ni metafóricamente...


“Me chupa un huevo” es una expresión ambivalente, es otro buen ejemplo de que “del dicho al hecho, hay un largo trecho”. Porque, cuando es literal, supone placer; pero cuando es metafórico, supone indiferencia. 
Porque supone que si alguien que antes me chupaba un huevo- o los dos-  ahora ya no lo hace, ese cambio tendría que chuparme un huevo, al menos uno. Y es ahí cuando la frase se vuelve redundante y contradictoria.
Y es que ese cambio tendría que chuparme un huevo- al menos uno-, porque es lo más “sano” según los psicólogos, las canciones sobre corazones rotos, la poesía para despechados, las novelas mexicanas y, sobretodo: el cuerpo mismo, cuando finalmente se cansa de llevar el pecho cerrado durante mucho tiempo por tanta tristeza.
Y la cosa se pone todavía más confusa… Porque cuando alguien que antes (literalmente) me chupaba un huevo- o los dos- ahora ya no lo hace y por lo tanto eso me tiene que (metafóricamente) chupar un huevo –al menos uno-; entonces significa que tengo que cambiar los suspiros de placer por los de resignación; significa que tengo que controlar la respiración para posponer ya no el orgasmo, sino las lágrimas...
... Significa que aunque las dos interpretaciones de la frase terminen en un derrame, la literal acaba en un glorioso punto y aparte; mientras que la metafórica muere en un miserable punto final.
Entonces, la distancia entre que alguien ya no me chupe un huevo literalmente –ni siquiera uno-; y que tenga que empezar a hacerlo metafóricamente, es la diferencia entre dos tipos de calentura: la del erotismo apasionado de sentirse en íntimo amor correspondido, y la de sufrir cada beso que le dieron, cada ilusión que le vendieron, cada suspiro que le robaron; y toda esta fiebre de celos, violencia y rencor.
¿Pero cómo hago para que me chupe un huevo (metafóricamente) alguien que me importó tanto…?
¿Estará rindiendo las materias que le faltan para recibirse…? ¿Habrá dejado de fumar…? ¡Si sabe que a la noche se le cierra el pecho por el asma! ¿Estará sacando a pasear al perro…? ¿Hará alguna otra cosa que pasarse el día frente a la compu…? ¿Se acordará alguna vez de mí…?
Sí, ya sé... no tengo que enredarme. Venía bien, lo venía manejando como un campeón; no puedo derrapar ahora. Tengo que reconocer que, a riesgo de que suene despechado, las cosas sinceramente marchan mucho mejor sin vos, y que aunque te extrañé mucho y que todavía de vez en cuando siento algún pellizco de nostalgia; la verdad es que a estas alturas, todo eso ya me está chupando un huevo.